Régimen verbal

Sólo pienso en ti.

Y para acabar con esta agonía, me dispongo a cambiar el rumbo.

Mira que me advirtieron de que esto siempre pasa: no se puede aspirar a lo que, por carecer de méritos suficientes, no debes confiar en conseguir.

Hay que cuidarse de volar demasiado alto. Las alas de cada cual alcanzan a ascender a una altura distinta.

Es mejor depender de uno mismo. Sin dudar de los demás, no creer demasiado en ellos, por no terminar, ni aprovechándote de sus logros, ni necesitando de sus limosnas.

Y aquí andaba yo, fracasando en mi propósito de olvidarme de ti.

Ah. Pero di con la tecla del La 440.

Porque a veces no hay que empeñarse en soltar, si la mano insiste en mantenerse cerrada. Al final se rinde a la evidencia.

No he conseguido aún prescindir completamente de tu imagen en la memoria.

Fluctúas entre las briznas de la brisa nocturna como si te hubieras mezclado con el aroma del jazmín.

Pero no he vuelto a recaer en el tormento de soñar con besarte.

Ya no viviré de fantasías.

He aprendido de esto.

Me niego a que seas mi complemento de régimen verbal.

Y a que definas mi significado.

© Vicente Ruiz, 2019

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Adversidades

Nadie me buscó ni me esperaba, pero vine al mundo.

Aunque no tuve una familia normal, fue la mejor del mundo entero.

En el cole se metían conmigo, no tenía amigos, me llamaban cosas feas y, sin embargo, tengo buenos recuerdos gracias a las maestras.

A pesar de mi naturaleza bohemia, me encantaban las matemáticas, si bien, al final tiré por las humanidades.

Siempre tuve una altura superior a la normal en mi edad, mas nunca hice baloncesto, que era lo que quería mi tío, en lugar de «la mariconada» esa del ballet.

Al contrario de lo que piense mi madre, mi guapura tiene sus límites y no he sido ningún éxito ligando.

Me han amado, pese a ello, mucho y bien, no obstante, no fui lo que esperaban.

Y yo he amado, de verdad y como mejor he sabido, aunque me pudo la cobardía.

He recorrido muchos kilómetros por la tierra, por el mar y por el aire, pero he viajado mucho más por dentro de mi cabeza.

Paso casi todo el tiempo en solitud, sin embargo, nunca siento soledad.

No es que no necesite a nadie, sino que sé quiénes están conmigo.

Nadie espera nada, con todo, siempre acaba pasando algo.

Y a pesar de que nunca haya dejado de sonreír, sí es verdad que sonreía menos últimamente.

Sólo puedo sacar en claro una cosa de toda esta letanía, antes bien, no me sorprende nada.

Y es que mi vida es una serie de oraciones coordinadas adversativas. Pero por algo será.

#peroteam

© Vicente Ruiz, 2019