Atlas, el tolerante

PROFE: ¿Qué opináis de la palabra «tolerancia»?

ESTUDIANTE 1: A mí no me gusta.

PROFE: ¿Por qué?

ESTUDIANTE 1: Porque suena a tragar con algo que en el fondo no queremos o no nos sienta bien.

ESTUDIANTE 2: Es verdad.

PROFE: Ejemplos.

ESTUDIANTE 2: Yo tengo intolerancia a la lactosa, pero de vez en cuando puedo tomarla y no me sienta mal.

(Risas).

PROFE: No, no os riais, que ese ejemplo es bueno. Decidme más.

ESTUDIANTE 1: Yo creo que se habla más de tolerancia con las minorías.

PROFE: Por ahí ya vamos afinando. Desarrolla.

ESTUDIANTE 1: Por ejemplo, estamos hartos de ver películas o series donde se trata el tema racial de Estados Unidos. Aquí con la inmigración pasa lo mismo. Se supone que el tolerante no es racista, pero yo creo que el hecho de aceptar a los negros…

ESTUDIANTE 3: Tía, no digas «negros».

ESTUDIANTE 1 (ignorando el comentario): … como si les estuvieses perdonando la vida es igual de racista.

PROFE: ¿Por qué no puede decir la palabra «negros»?

ESTUDIANTE 3: Porque es ofensivo.

PROFE: ¿Es ofensiva la palabra o la intención con la que se dice?

(Silencio).

ESTUDIANTE 1: No la dije con intención de ofender.

PROFE: Ya lo sé, pero ayuda a lanzar una reflexión. (A todos). Vuestra compañera ha empleado «los negros» hablando de racismo para dejar claro que ellos son la minoría frente a «los blancos». No es ofensivo, aunque en ese contexto es mucho más políticamente correcto decir «los afroamericanos». Cuando uséis las palabras, tened en cuenta lo que significan por sí mismas, según la intención con que las decís, en el contexto en que estáis y por la audiencia que tenéis. (Pausa). Seguimos: la tolerancia con las minorías, pues, significa perdonarles la vida, según vuestra compañera, ¿no?

ESTUDIANTE 1: Más o menos, sí.

ESTUDIANTE 3: Pero entonces, si el tolerante en el fondo no lo es, ¿qué es ser intolerante?

PROFE: A ver, el intolerante a la lactosa.

ESTUDIANTE 2: ¡Presente!

(Risas).

PROFE: La lactosa es la minoría, o sea, los afroamericanos. Vuestro compañero es la cultura mayoritaria: los blancos. Está claro que su intolerancia no es voluntaria, pero obviemos eso en este paralelismo. A él le incomoda tratar a diario con afroamericanos. Los tolerantes no tenemos este problema. Según tú (mira a Estudiante 1), los tolerantes somos igual de intolerantes que él (señala a Estudiante 2).

(Silencio).

ESTUDIANTE 3: Claro, lo que yo decía: si ninguno somos tolerantes, estaríamos matándonos todos con todos.

ESTUDIANTE 1: Es que tampoco digo que el tolerante sea igual de intolerante, pero sí creo que disimula mejor su intolerancia.

ESTUDIANTE 2: Madre mía, qué lío…

(Risas).

PROFE: O sea, que la tolerancia es una pose, un postureo, como decís ahora los jóvenes.

ESTUDIANTE 1: Yo creo que sí.

ESTUDIANTE 3: Pues yo creo que no.

ESTUDIANTE 1: Pues no estás tolerando mi opinión, petarda.

ESTUDIANTE 3: Si no la estuviera tolerando, no te dejaría expresarla, melona.

PROFE: ¡Juego, set y partido! (Risas). ¿Qué significa el verbo tolerar? Ésa es la cuestión. Buscadlo.

ESTUDIANTE 4: Según la RAE, llevar con paciencia; permitir algo que no se tiene por lícito sin aprobarlo expresamente; resistir, soportar, especialmente un alimento o una medicina…

ESTUDIANTE 2: La lactosa.

ESTUDIANTE 4: Y respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

PROFE: Gracias. Hemos estado enfocando la conversación todo el tiempo desde la perspectiva que nos ha dado vuestra compañera (señala a Estudiante 1): la tolerancia aplicada a las minorías. Sin embargo, en ninguna de las acepciones que da la RAE se hace mención alguna a minorías ni a mayorías, sino a ideas, creencias o prácticas ¡diferentes! (Silencio). ¿Os suena Zeus? (Afirmación colectiva). Zeus castigó a un joven titán a sostener la bóveda celeste, a cargar el cielo sobre sus hombros. Este joven titán se llamaba Atlas, por eso los libros de mapas toman su nombre, porque siempre es representado como un hombre que levanta en sus brazos al mundo. Pues bien, adivinad qué verbo comparte raíz etimológica con el nombre de Atlas.

ESTUDIANTE 3: ¿Tolerar?

PROFE: ¡Bingo!

ESTUDIANTE 1: Pero, profe, si el origen del verbo tolerar es el castigo a Atlas, entonces tengo razón: la tolerancia se ve como un aro por el que hay que pasar para quedar bien de cara a la galería.

PROFE: ¿Estáis de acuerdo?

ESTUDIANTE 3: Yo no, ya lo he dicho antes. Pero no lo sé argumentar. Pero siento que no va conmigo, yo no hago una pose ni nada de eso, y desde luego no hago nada de cara a la galería.

PROFE: No estoy de acuerdo con que no sepas argumentarlo. Inténtalo. ¿Cómo ves tú la tolerancia?

(Silencio).

ESTUDIANTE 3: Me pongo en el lugar de la otra persona y me pregunto cómo me gustaría que fueran las cosas.

PROFE: Eso tiene un nombre, ¿alguien lo sabe?

ESTUDIANTE 4: Empatía, ¿no?

PROFE: ¡Muy bien! (A Estudiante 3). Empatizas con la otra persona y te replanteas la situación desde su perspectiva. ¿Qué más?

ESTUDIANTE 3: Pienso que, si puedo entender cómo ve la otra persona el mundo, puedo estar más cerca de ella. Y creo que la tolerancia va de eso. No de pensar igual o sentir igual, porque eso es imposible. Pero sí de darme cuenta de que el mundo no es sólo como yo lo veo.

PROFE: ¿Ves cómo sí sabes argumentar? (A todos). Empatizar, entender, acercarse… Son verbos relacionados con tolerar. (A Estudiante 1). ¿Qué piensas de esta opinión?

ESTUDIANTE 1: Es que, visto así, no es un castigo.

PROFE: Porque has estado contemplando como castigo la actitud del tolerante por corrección política, y eso no es tolerancia, sino condescendencia. Dale la vuelta: contempla ahora como castigo al que debería ser tolerado y no lo es. Podríamos decir que el castigo a Atlas evitó que el cielo cayera sobre la tierra, es decir, otro castigo aún mayor.

ESTUDIANTE 1: ¿La tolerancia evita la intolerancia, aunque sea para quedar bien?

ESTUDIANTE 3: Claro, es que la tolerancia tendrá niveles también, ¿no?

PROFE: Otra pregunta interesante se plantea aquí: ¿se mide la tolerancia en valores absolutos?

ESTUDIANTE 4: Yo creo que si dices «yo soy tolerante, pero con condiciones», ya no estás siendo tolerante.

PROFE: O sea, que sólo hay dos alternativas: ser tolerante o no serlo.

ESTUDIANTE 1: Pues entonces, no se puede ser tolerante y no tolerante a la vez.

ESTUDIANTE 2: La tolerancia de Schrödinger.

(Risas).

PROFE: Con respecto a un mismo tema, no. Puedes ser tolerante con algunas cosas e intolerante con otras.

(Todos callan).

ESTUDIANTE 3: ¿Y se puede ser tolerante con los intolerantes?

PROFE: Me encanta cuando llegáis solitos donde yo quiero que lleguéis.

ESTUDIANTE 1: Si no se puede ser tolerante con los intolerantes, pero podemos ser intolerantes en algunos temas, entonces no podemos ser tolerantes con nosotros mismos.

PROFE: ¡Bravo!

ESTUDIANTE 3: ¿Y por qué tenemos que ser tolerantes con nosotros mismos si tenemos actitudes intolerantes que no son buenas?

PROFE: Que no son buenas, ¿para quién?

ESTUDIANTE 3: Para todos.

PROFE: Imposible que llueva a gusto de todos, en tanto colectivo.

ESTUDIANTE 4: Pues para la mayoría.

PROFE: Cuidado con eso: si volvemos al debate inicial, las políticas éticas que han hecho avanzar a las minorías en la sociedad se han construido muchas veces con la indiferencia de las mayorías, porque «a mí plin, no me afecta». (Silencio. A Estudiante 3). Has planteado dos cuestiones muy interesantes que también se relacionan con la tolerancia: cuestionarse a uno mismo, dudar de uno mismo; y aquello que es bueno.  

ESTUDIANTE 1: ¿Dudar nos hace más tolerantes?

PROFE: Dudar nos ayuda a ver que no siempre tenemos la razón. O que nuestra razón puede mutar. Y eso es bueno, porque la vida es cambio constante.

ESTUDIANTE 1: ¿Bueno, en qué sentido?

PROFE: En el sentido kantiano: «Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal». No se trata de que algo sea bueno cuantitativamente para la mayoría. Sino cualitativamente para todos, ¡en tanto individuos!

ESTUDIANTE 2: No entiendo, antes has dicho que es imposible que llueva a gusto de todos…

PROFE: ¡En tanto colectivo! (Silencio). Por ejemplo: yo tengo seguro médico privado. Pero apoyo totalmente a la sanidad pública. Pago a gusto los impuestos que reviertan en la sanidad pública y creo que todos los recursos de índole sanitaria deberían destinarse en exclusividad a la sanidad pública. Lo mismo con la educación. Diréis que es contradictorio.

ESTUDIANTE 1: Un poco.

PROFE: ¿Estáis todos de acuerdo? (Asienten en conjunto). Pues lo defiendo, egoístamente, porque me puede beneficiar como individuo: ¿y si algún día no me puedo costear el seguro médico privado y tengo que depender de la sanidad pública?

ESTUDIANTE 1: Entonces, ¿para qué tienes un seguro médico privado?

ESTUDIANTE 4: ¿Y por qué no podría tenerlo? Es libre de ir al médico que quiera.

PROFE: ¡Y damos la bienvenida al debate a la libertad!

ESTUDIANTE 1: Claro, la tolerancia va de darle libertad al otro.

ESTUDIANTE 3: No, tía, la tolerancia va de darnos libertad los unos a los otros.

ESTUDIANTE 1: Vale, acepto barco, pero entonces, ¿tenemos que darle libertad a quien quiera quitar libertad?

PROFE: Antes has cuestionado si debíamos ser intolerantes con nuestras actitudes intolerantes porque supondría ser intolerantes con nosotros mismos.

ESTUDIANTE 1: Claro, si somos intolerantes con nosotros mismos, no somos libres.

ESTUDIANTE 3: Es que, si tu libertad nace de tu intolerancia hacia mí, por ejemplo, tu libertad no es mi libertad. Y entonces tiene sentido lo del seguro médico privado: ¿y si la situación fuera al revés? ¿Y si lo que estuviera en juego fuese tu libertad?

ESTUDIANTE 4: Pues también vaya mierda que cosas como el respeto, la libertad, la tolerancia y todo eso se basen en el egoísmo puro y duro.

PROFE: Ah, ¿pero hay algo que no se base en el egoísmo? (Silencio). La tolerancia, la empatía, el respeto, la libertad, ¡hasta el amor! Todo lo que se considera bueno desde el punto de vista ético, se considera así porque beneficia al colectivo sin dejar de beneficiar al individuo. Pero es éste es el punto de partida. Y eso implica límites. Límites impuestos por el «yo»: tu libertad no debe de pisotear la mía a nivel individual, porque entonces deja de haber libertad a nivel colectivo. Y si deja de haber libertad a nivel colectivo…

ESTUDIANTE 3: … dejará de haber individuos libres… Y sin individuos libres…

ESTUDIANTE 1: … No hay libertad. La pescadilla que se muerde la cola.

PROFE: «Lo que no es bueno para la colmena, no es bueno para la abeja», Marco Aurelio. La abeja marca. Atlas levanta el cielo. Es un castigo de Zeus, sí. En el acto de tolerar puede haber implícito un esfuerzo. Pero es un esfuerzo con un fin noble: evitar un castigo mayor.

ESTUDIANTE 1: La falta de libertades.

PROFE: ¿Qué sería lo contrario de levantar? ¿Qué haría Atlas si ya no pudiera sostener el mundo?

ESTUDIANTE 3: Dejarlo caer.

PROFE: Si el antónimo de tolerar es dejar caer, aplicado a las libertades, la intolerancia es lo único que no debe tolerarse.

ESTUDIANTE 1: Claro, porque la intolerancia anularía a la tolerancia.

PROFE: Y aquí os presento al señor Karl Popper que, en 1945, y fijaos bien qué año os acabo de decir, describió la paradoja de la tolerancia: para que una sociedad pueda considerarse tolerante, ha de mostrarse intolerante con la intolerancia.

ESTUDIANTE 2: Pero entonces los intolerantes podrían decir que los tolerantes son intolerantes con ellos.

PROFE: Por eso es una paradoja.

ESTUDIANTE 1: Pero al final estamos hablando de libertad. Los nazis esos que ayer atacaron a un chico por ser gay, por ejemplo, son unos intolerantes porque pisotean la libertad del otro chico. La libertad del otro chico no les afecta en nada a la suya. Es un ataque gratuito. Así que a mí me da igual si me dicen que soy una intolerante con esos malnacidos, porque al final la libertad está de mi lado.

PROFE: Totalmente de acuerdo contigo en esa aplicación de la paradoja a un ejemplo de atentado contra los derechos humanos. Es algo obvio que cualquiera con valores demócratas debe condenar. Pero…

ESTUDIANTE 1: ¿Pero?

PROFE: Pero cuidado con cómo expresar esa intolerancia nuestra. Porque si la expresamos igual que ellos, seremos lo mismo que ellos.

(Silencio).

ESTUDIANTE 3: Como lo del significado de las palabras y la intención de las palabras al decirlas.

PROFE: ¡Exacto! (Silencio). Voltaire escribió que las opiniones divergentes hacen de la tolerancia una necesidad. Lo dijo en relación con las religiones: «Si en Inglaterra hubiera una sola religión, su despotismo sería tremendo; si sólo hubiera dos, los ingleses se degollarían entre sí; pero como existen treinta no les queda más remedio que vivir contentos y en paz».

ESTUDIANTE 4: Por eso las mayorías se echan a temblar cuando las minorías cogen fuerza, porque pierden poder.

PROFE: Tal vez entienden que podrían ver revertida la situación y pasar de opresor a oprimido, de tolerado a no tolerado, de libre a no libre…

ESTUDIANTE 1: Pero eso es ver el mundo en blanco y negro todo el tiempo. Que las minorías cojan fuerza o ganen poder no tiene por qué implicar un mundo al revés, sino un mundo mejor.

ESTUDIANTE 3: Depende. Si las minorías son talibanes, pues yo creo que la mayoría tiene razones para echarse a temblar.

ESTUDIANTE 4: A lo mejor la cosa es que la tolerancia sea una carretera de doble sentido.

PROFE: ¡Equilicuá! Volvemos a lo de antes: si no nos toleramos mutuamente, no hay tolerancia. Y si no hay tolerancia…

ESTUDIANTE 1: No hay libertad.

(Silencio).

PROFE: Mirad por la ventana: Atlas os sonríe orgulloso mientras sostiene el peso del mundo.

A L.

© Vicente Ruiz, 2021

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Patchwork

PROFE: Imaginad que me seguís todos en una red social. La que sea. Elegid una.

ESTUDIANTE 1: ¡Twitter!

ESTUDIANTE 2: No, tío, eso es un peñazo, mejor Instagram.

PROFE: Da igual. La que sea, ¿Instagram? Pues Instagram. Imaginad que yo subo cosas habitualmente a esa red siguiendo una coherencia en cuanto al tipo de contenido que comparto. Pongamos, mi pasión por el patchwork.

ESTUDIANTE 3: ¿Qué es eso?

ESTUDIANTE 4: Algo de coser, tía.

PROFE: Para quien no lo sepa, el patchwork consiste en unir retales de distintas clases, tamaños y estampados, para formar un todo. Por ejemplo, una funda para un cojín. Y a mí me encanta el patchwork, aunque os suene a la abuela de Caperucita.

(Risas).

PROFE: Bien, volvamos a mi Instagram. Vosotros pasáis mil de mi contenido de patchwork, sólo me seguís porque me conocéis, por simpatía o para que yo no os deje de seguir, pero no porque realmente os importe mucho lo que yo piense, sienta o comparta sobre lo muchísimo que me gusta el patchwork. Pero entonces, un día, subo una foto de mi gata. Y en cuestión de horas, me llenáis de likes esa foto. ¿Qué pensaríais vosotros, si fuerais yo, de esa reacción por vuestra parte?

ESTUDIANTE 2: Que la gata nos interesa más que el password ése.

(Risas).

PROFE: Ya, pero si sabéis que yo subo cosas de patchwork con asiduidad, ¿por qué me seguís?

ESTUDIANTE 1: Por lo que has dicho antes, porque nos caes bien, por no perder el feedback, curiosidad por si un día rompes el patrón y subes a tu gata…

(Risas).

PROFE: En cualquier caso, no me seguís por verdadero interés en mi contenido. Y eso puede ser frustrante. ¿Qué haríais vosotros en mi lugar?

ESTUDIANTE 2: Subir más fotos de la gata.

(Risas).

PROFE: ¡Y ahí está el primer sumiso ante la dictadura del like en las redes sociales, señoras y señores! Comparto mi pasión, pero nadie me hace caso; comparto a mi gata, el mundo me adora, ergo sigo compartiendo a mi gata. ¡Adiós a mi contenido de patchwork!

ESTUDIANTE 5: Bueno, ¿y qué tiene eso de malo? Si tu contenido no era del interés de todo el mundo y eso te frustraba… ¿No? Quiero decir, es normal que busques la aprobación.

PROFE: ¿La aprobación a toda costa hasta el punto de olvidar que quise abrirme un perfil en una red social para compartir mi pasión por el patchwork?

ESTUDIANTE 5: Sí, es bastante normal. Todo el mundo cambia de contenidos y de la manera de exponerlos según el momento.

PROFE: ¿Según el momento o según se encuentre la persona tras el perfil?

ESTUDIANTE 3: Va unido, ¿no?

PROFE: Si buscas la aprobación, no necesariamente. Una persona es perfectamente capaz de traicionarse a sí misma sin darse cuenta. ¿Cuántas chicas de aquí salís de fiesta con tacones?

(Un montón levantan la mano).

PROFE: No bajéis las manos. De todas vosotras, ¿cuántas queréis realmente salir de fiesta con tacones?

(La mayoría de las manos que se habían alzado con la pregunta anterior, caen entre risas).

PROFE: Y ahora, ¿cuántas de las que acabáis de bajar la mano se ha planteado alguna vez ponerse otro tipo de calzado para salir de fiesta, aunque hayáis terminado llevando tacones?

(Casi todas las manos bajadas vuelven arriba).

PROFE: ¿Veis como es fácil traicionarse? Extrapolemos el ejemplo de las redes sociales a las interacciones sociales físicas, en este plano de la realidad. Imaginad que aquello que más os apasiona, al resto de la gente le da bastante lo mismo.

ESTUDIANTE 4: Pero no es lo mismo relacionarse aquí que en las redes.

PROFE: Menos mal, hacéis que el futuro me acojone un poquito menos.

(Risas).

PROFE: ¿Por qué no es lo mismo?

ESTUDIANTE 4: Porque aquí las relaciones no son tan superficiales.

PROFE: ¿Concedemos las mismas oportunidades aquí que en las redes sociales?

(Todos niegan con bastante convicción).

PROFE: ¿Por qué?

ESTUDIANTE 4: En las redes sociales das más oportunidades, pero la mayoría también las descartas rápido. Aquí no, aquí eliges mejor, das menos oportunidades y todo es un poco más profundo.

PROFE: Entonces, veis normal que en las redes yo sucumba a la aprobación dándole más espacio a la gata, traicionando así mi idea original de compartir mi pasión. Sin embargo, aquí lo tendría más fácil con el patchwork. ¿Es eso?

(Nadie afirma ni niega).

PROFE: A lo mejor debería apuntarme a un club de patchwork para tener donde desahogar esa pasión.

(Apoyan con cierto entusiasmo).

PROFE: Acabáis de dar por buena la aparición de guetos en grupos sociales con dificultades para la integración.

ESTUDIANTE 1: Pero no es lo mismo…

PROFE: ¿Por qué no es lo mismo?

ESTUDIANTE 1: Porque a veces son los que pertenecen a esos grupos los que no quieren integrarse.

PROFE: O sea, que yo no me quiero integrar porque me gusta el patchwork.

ESTUDIANTE 1: No es que nadie te prohíba que te guste el patchwork

PROFE: Hombre, ¡faltaría más!

(Risas).

ESTUDIANTE 1: Quiero decir que, a la hora de integrarte, tienes que mirar qué gusta en general, porque si no, pues nadie te hace caso.

PROFE: O sea, la gata. La gata para la integración y el patchwork para el club.

(Todos afirman rotundamente).

PROFE: Bien, ya conocemos la realidad. Siguiente pregunta: ¿os gusta?

(Todos callan).

PROFE: Ojo, no estoy preguntando si habéis aceptado la realidad tal cual es. La pregunta es clara: ¿os gusta la realidad? Para responderla honestamente tal vez deberíamos preguntarnos si nos gusta quiénes somos y cómo somos en esa realidad, como individuo y como colectivo.

ESTUDIANTE 6: A mí no me gusta.

PROFE: ¿Por qué?

ESTUDIANTE 6: Por lo que has dicho antes de los guetos. Si te sales de lo que se considera aprobable, como lo tuyo de coser, porque perteneces a una minoría, entonces tienes que ocultar eso de ti. Si quieres aprobación, tienes que mostrar sólo aquello que sí es de la mayoría, como las chicas que llevan tacones para salir de fiesta. No es justo.

PROFE: Ah, ya salió la justicia, esto se pone interesante.

(Intercambio de ideas entre los estudiantes).

ESTUDIANTE 1: Bueno, pero es que el mundo nunca ha sido justo.

ESTUDIANTE 4: Pero entonces estás haciendo lo que ha dicho la profe de aceptar la realidad sin más.

ESTUDIANTE 5: Pero para qué sirve preguntarse si te gusta la realidad, tío, la realidad es la que es, o la aceptas o te aplasta, joer.

ESTUDIANTE 6: Pues yo creo que se puede cambiar la realidad.

ESTUDIANTE 1: Y una mierda, ahora vas a terminar tú las guerras y el hambre y las enfermedades así, porque te sale a ti del nabo y dices que se puede cambiar la realidad, venga, no jodas.

PROFE: Chicos, chicos, no perdáis las formas, por favor.

ESTUDIANTE 1: Es que puede que la realidad sea una mierda, pero es la que es. ¿O no, profe?

PROFE: Acabas de decir que la realidad es una mierda. Eso es que no te gusta, ¿no?

ESTUDIANTE 1: Claro que no me gusta. Bueno, hay parte de la realidad que sí me gusta, pero otra que no.

PROFE: ¿Creéis que tragamos con lo que no nos gusta por aquello que sí nos gusta?

ESTUDIANTE 5: Básicamente.

PROFE: ¿Estáis todos de acuerdo?

(Asienten en conjunto).

PROFE: Bien, para la próxima clase quiero un escrito de 3 páginas, en Times New Roman 12, a doble espacio… Inciso: recordad que antes de poneros a escribir sin ton ni son, hay que reflexionar, reposar las ideas y estructurar la respuesta. La realidad es ésta, ¿me gusta en sí misma? ¿me gusto yo en esa realidad? Hay una respuesta global en la clase: parte sí, parte no. Responded entonces a la siguiente pregunta: «¿Qué estoy haciendo yo para cambiar lo que no me gusta de la realidad?».

ESTUDIANTE 5: Pero profe, ¿de qué sirve que yo pueda hacer algo si luego el resto no hace nada?

PROFE: Anda, ¿y cómo sabes tú que el resto no hace nada?

ESTUDIANTE 1: Porque nada cambia, sigue habiendo injusticia.

PROFE: Cuidado con cómo has relacionado esas dos afirmaciones. «Nada cambia». ¿Vivimos igual ahora que hace 100 años?

(Niegan).

PROFE: ¿Tiene eso algo que ver con que siga habiendo injusticia?

ESTUDIANTE 1: Vale, ya te pillo…

PROFE: A lo mejor lo que los demás hacen, lo hacen partiendo de criterios distintos a los vuestros. Pero eso no significa que no hagan nada. En todo caso, centraos en lo que hacéis vosotros siguiendo vuestros criterios. Para eso, tendréis que pensar en qué se basan esos criterios. Fijaos en esto.

(En la pizarra electrónica aparece la imagen de una colcha de patchwork).

PROFE: Lo de coser, como lo habéis definido antes. ¿Sabéis por qué me gusta?

(Niegan).

PROFE: Pero ¿queréis saberlo?

(Asienten sonriendo).

PROFE: Cada retal es distinto. No tiene por qué haber armonía en nada, lo interesante de tejer de este modo es la heterogeneidad. Cuanto más distintas las combinaciones, más bonito queda. Es como una orquesta, pero en lugar de sonidos, hay texturas, estampados y colores. Aquí no hay guetos. No hay cosas aprobables ni cosas ocultas. Y cada trozo, en su diferencia, aporta algo único al todo común. Queridos alumnos: hagamos patchwork.

© Vicente Ruiz, 2020