Residuos o De los últimos estertores

No lo entiende. O no lo quiere entender. Que me da igual lo que haga con su vida. Que me perdió el 19 de agosto, cuando interrumpió, egoístamente, mi duelo para decirme que era el fantasma de A Ghost Story, que no podía pasar página, que me escribía cada día un email, aunque nunca llegara a enviarlo y se quedara en la bandeja de borradores. Tengo capturas de esa conversación. Me perdió cuando me obligó a volver a la casilla de salida en un proceso duro y doloroso, y por ello le pedí el 22 una conversación cara a cara para que me dijese la puta verdad. Siempre lo habíamos hablado todo. Pero aquella vez no respondió. Me dejó, una vez más, desamparada.

No lo entiende. Que, más que el abandono, el olvido o la decepción del desengaño, lo que me duele es la falta de respeto, la deshonra, a mí, a lo que fui para ella, a los hechos, a la realidad de lo que hubo; que las mentiras que le ha contado a su pareja de mí se basen, no en la transformación, sino en la destrucción de la verdad: que me amó y quiso una vida conmigo, aunque fuese fugazmente, o aunque su cobardía y su miedo a cortar lazos de media vida pesaran más, o yo qué sé, porque al final me he quedado dudando de todo.

No lo entiende. No lo quiere entender. Muy al contrario de lo que me pasa a mí, que no lo puedo entender, porque es incomprensible tanta incongruencia. Y aquí estoy, tres meses después, rota, sufriendo que me venga su mirada o su sonrisa a la mente para tener que echarla a patadas de allí, temiendo encontrármela por la calle y, al mismo tiempo, lamentando que eso sea así mismo: estar rota, sufrir, lamentarme y temer, todo por su apego a una vida erigida sobre el engaño, los que se han profesado ambas, que igual es de lo que se trata y aún tiene que empatar.

—Eso no te ha de incumbir.

Lo sé. Era por zaherir. Le he dado igual. No le he importado lo más mínimo. Déjame que saque la rabia.

—Mira, para esto sólo hacen falta dos cosas: actitud y tiempo. La actitud la tienes. Con tus momentos de flaqueza, comprensibles, porque está todo reciente. Sólo necesitas tiempo.

Al menos ya no me busca, ya no me lee. Ya era hora. He tenido que ser cruel para hacer que se liberara de mí. Si es lo que quería, ahora lo tendrá más fácil.

—Eso tampoco te ha de preocupar ya.

Hay cosas inevitables. 

—Actitud: evítalas. El tiempo lo irá poniendo más fácil. ¿Ya te has pedido perdón?

Sí.

—¿Y te has perdonado?

Me digo que no hay nada que perdonar.

—Pues no es así. Te han tratado mal. Estás dolida con razón. Tienes motivos para no perdonar a quien te ha hecho tanto daño. Pero nunca, nunca para no perdonarte a ti. No te planteaste lo poco adecuado que era. No supiste protegerte al esperar algo que nunca sucedió y que, en el fondo, sabías que nunca sucedería. No pudiste procesarlo todo a la vez. Tu dolor no es culpa tuya, como no lo es una enfermedad para el enfermo; pero si uno enferma, se medica, se cuida, hace lo que sea para recuperarse. Tú lo estás haciendo ahora. Perdónate no haber empezado a hacerlo antes.

¿Qué más da? 

—Da. Perdónate. Perdónate a ti misma. Libérate de esa carga. No te corresponde más. Te perdonas a ti porque no supiste, no pudiste o no quisiste lucharlo. Pero no por las decisiones de mierda de los demás. No te hables mal, perdónate. La gente es egoísta. La gente es imbécil. La gente se cree que sus actos no acarrean consecuencias. Pero es problema de ellos. Y la vida es larguísima. Ya lo pagarán. Ya se darán cuenta de qué ha pasado aquí. O no, porque para vivir de cara a la verdad hay que ser valiente y, por lo que cuentas, se ve la cobardía rezumar desde lejos. Pero a ti debe darte lo mismo. Tú perdónate lo que dependió de ti. Y suelta. Suelta lo que no es tu responsabilidad. No fue culpa tuya.

Es que le daría un bofetón.

—Bueno, el email que le mandaste quedándote a gusto, yo diría que fue un puñetazo en todos los morros.

Pues aún así.

—Perdónate. Suelta y perdónate. 

Me perdono.

—Date los motivos. Di: «Me perdono por…». Dilo.

Me pido perdón porque dije que yo no bastaba. Y me perdono porque no es así. Soy más que suficiente. Soy más de lo que he sido nunca. Y soy mejor ahora que antes. Me pido perdón porque me quise poner por debajo y me perdono porque estoy a mayor altura que todo esto. Me pido perdón por haber estado necesitando sacar todo el pus que me ha generado, que tengo a algunas amigas hasta las narices. Y me perdono porque me lo he permitido: expectorar y escupir hasta limpiarme. Ahora que ya va quedando menos, respiro mejor. 

—Bien.

Odio las mentiras.

—No te mientas tú. No mientas tú. Eso es todo lo que puedes hacer. Las mentiras de los demás son su problema. Es su vida la que se construye sobre suelo endeble y quebradizo. El tuyo es de hormigón. Cuida el tuyo.

Vale.

—¿Algo más?

Creo que no.

—Y si lo hay…

Suelto.

—Suelta.

Debería de limpiarte. 

—Bueno, tengo alguna huellecita y unas gotitas de pasta de dientes. Tampoco es para tanto.

Mañana voy a por limpiaespejos y te paso un trapito.

—Gracias.

A ti. Siempre a ti.

© Vicente Ruiz, 2022

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Pseudologos

PROFE: Silencio, chicos…

ESTUDIANTE 1: ¡Y chicas!

PROFE: Everybody, silencio, va… 

ESTUDIANTE 2: ¿De qué vamos a hablar hoy, profe?

PROFE: De pseudologos.

ESTUDIANTE 3: ¿Cómooorl?

(Risas).

PROFE: ¿Habéis mentido alguna vez? No, dejad, ya respondo yo por vosotros: SÍ. (Risas). Porque todos hemos mentido en un momento dado. Pero mejor voy a cambiar el verbo: ¿habéis engañado alguna vez a alguien?

ESTUDIANTE 3: ¿Qué diferencia hay entre mentir y engañar?

PROFE: Buena pregunta. ¿Quién quiere responderla?

ESTUDIANTE 1: Pues que mentir es, por ejemplo, ¿no decir la verdad a una pregunta concreta? Y cuando engañas es como que mientes sobre muchas cosas a la vez, ¿no?

PROFE: Ejemplos.

ESTUDIANTE 4: Mentir sería, por ejemplo, cuando te preguntan qué tal todo y dices que bien, pero a lo mejor estás hecho mierda.

ESTUDIANTE 1: O lo de que los Reyes Magos existen.

ESTUDIANTE 3: Pero eso sería una mentira piadosa.

PROFE: ¿Existen las mentiras piadosas? Quiero decir: ¿hay mentiras que tengan un propósito noble?

ESTUDIANTE 3: Pues cuando te guardas parte de tu sinceridad para no hacer daño a la otra persona, ¿no?

PROFE: ¿Para no hacer daño a la otra persona o para no quedar como una borde?

(Risas).

ESTUDIANTE 4: ¡Ejemplo!

PROFE: Pues alguien me pregunta mi opinión por su corte de pelo, que a mí me parece horrendo, y en lugar de ser diplomática, que es una manera de camuflar la verdad, le suelto lo que pienso sin ambages. 

ESTUDIANTE 3: O sea, que tú llamas diplomacia a las mentiras piadosas.

PROFE: No. Decirle que me gusta su corte de pelo es una mentira piadosa; la diplomacia es decirle que, aunque no es mi estilo, va con el suyo y no le queda mal, que es cuestión de acostumbrarme a verlo así.

ESTUDIANTE 3: ¡Madre mía, qué enrevesada!

PROFE: La diplomacia lo es. Por cierto, me gusta tu corte de pelo.

(Risas).

ESTUDIANTE 1: Yo creo que decidir entre la mentira piadosa y la diplomacia, o la verdad a secas, depende de la confianza que tengas con la otra persona.

PROFE: Ya tenemos a nuestra invitada de honor en la fiesta: la confianza, piedra angular de las relaciones humanas. Bien visto. Pero sigamos: hemos definido y puesto un ejemplo de mentir. ¿Qué es engañar?

ESTUDIANTE 4: Lo del catfish.

PROFE: ¿Lo del qué?

(Risas).

ESTUDIANTE 3: La gente que se monta un personaje en internet para relacionarse con otra gente.

PROFE: ¡Ah! ¿Se llama así? No lo sabía… Pues sí, buen ejemplo.

ESTUDIANTE 1: A mi vecina le pasó: tenía un novio con el que, después de un par de años de estar juntos, se iba a casar. Pero resulta que no conocía a nadie de su familia. Y un día se lo dijo, que habría que organizar algo con los padres para que se conociesen, y ahí empezó a ver cosas raras. Total, que al final resultó que el tío no era quien decía ser: no trabajaba donde había dicho que trabajaba, no tenía padres, tenía un hermano del que nunca le había hablado… Un caso.

ESTUDIANTE 4: Pero eso no es nada, colega. Bueno, a ver, sí es, pero lo del catfish es gente que ha llegado incluso a engañar con el sexo. Hubo un tío que llegó a estar un huevo de años con otro tío pensando que era una tía porque toda la relación fue por internet y nunca llegaron a verse. Muy fuerte…

PROFE: Las mentiras en internet están a la orden del día, pero cuando te montas una vida ficticia donde te disfrazas de otra persona, ahí estamos hablando de engaño. Y de salud mental, también. Buen ejemplo.

ESTUDIANTE 2: ¿La infidelidad sería también otro ejemplo?

PROFE: Engañar significa urdir una serie de mentiras que se sostengan unas a otras para transformar la realidad en otra cosa. Si la infidelidad se ha construido así, entonces es otro ejemplo.

ESTUDIANTE 2: Mi hermana se enamoró de una tipa con novia.

ESTUDIANTE 1: ¿Y para qué se mete ahí?

ESTUDIANTE 2: Pues porque se enamoró. Y, además, no era ella quien tenía un compromiso con otra persona. La tipa en cuestión le correspondió. Resulta que es de otra ciudad y un día fue a verla, a pasar el día con ella. Pero, claro, era un viernes y la tipa tenía que abrir su negocio y hacer como que trabajaba. Así que, para que la novia no se enterara, le desactivó en el móvil la aplicación de la cámara de seguridad del negocio. Y así pudieron estar todo el día juntas.

ESTUDIANTE 4: Joder… ¿Y qué pasó?

ESTUDIANTE 2: Pues que al final la novia se enteró y la tipa dejó a mi hermana en la estacada. Pero para que la novia no la dejara, le mintió diciéndole que no había sido nada y tal. Que yo le he dicho a mi hermana que lo que tendría que hacer es enviarle a la novia todos los emails y fotos que tiene, algunas comprometidas, y que la saque del engaño en que vive. Pero dice que pasa, que no quiere actuar por despecho. Y que, además, no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse a la verdad.

PROFE: Eso es cierto. La verdad duele y descubrir que tu pareja te ha engañado con diferentes propósitos es muy doloroso.

ESTUDIANTE 2: También lo es para mi hermana verse reducida a la nada cuando la tipa en cuestión le había comido la oreja.

ESTUDIANTE 1: Profe, ¿a qué te refieres con lo de los propósitos?

PROFE: Esta chica engañó a su novia, creo yo, con dos propósitos: el primero, ser leal a lo que le dictaba el corazón, o sea, corresponder a su hermana; y el segundo, conservar a su novia. (Silencio). ¿Por qué pasan cosas así? ¿Qué lleva a alguien a montarse una personalidad que no se corresponde con la suya o a iniciar una relación con otra persona cuando ya está comprometida?

(Silencio).

ESTUDIANTE 3: Yo creo que en lo del catfish es porque quien hace eso no se siente a gusto consigo mismo. No se quiere y entonces se inventa a alguien que sí puede darle cosas que normalmente no consigue por sí mismo.

ESTUDIANTE 4: Ya, tío, pero eso es mazo complicado. Es que tienes que montarte una red de mentiras de la hostia.

PROFE: Esa boquita…

ESTUDIANTE 4: Ay, perdón…

PROFE (a ESTUDIANTE 3): Ha salido algo interesante en tu aportación: la autoestima. (A todos). Una persona que se siente bien en su piel no necesita inventarse otra. ¿Y en el caso de la infidelidad? ¿Qué pensáis que sucede?

ESTUDIANTE 1: Yo creo que si te fijas en otra persona que no es tu pareja y te acabas enamorando es que ya no sientes lo mismo por tu pareja.

ESTUDIANTE 2: Pues la tipa sigue con la novia, así que ya me dirás.

ESTUDIANTE 3: Puede que la tipa lo quiera todo: la seguridad que le da su pareja y la ilusión que le da tu hermana.

ESTUDIANTE 2: Pues menuda egoísta de mierda.

PROFE: Relax… A ver, si tu hermana lo está pasando mal, es normal que te indigne, pero el tiempo hará su trabajo y tu hermana volverá a conocer a alguien que sí la valore y quiera estar a su lado. Y a esa otra chica hay que respetarla, te guste o no.

ESTUDIANTE 2: No, si yo lo que quiero es que no se la vuelva a encontrar nunca en la vida, pero me jode que la gente haga esas cosas, porque mi hermana se ha pasado tres meses llorando sin parar. Hay que tener mucha jeta para, además de abandonarla, negar lo que ha sido.

PROFE: Bueno, todo pasa, por suerte. Ya lo verás.

ESTUDIANTE 1: La verdad es que es un poco raro… Quiero decir: si te has enamorado de otra persona, asúmelo y deja a tu novia.

ESTUDIANTE 2: O no es verdad que se haya enamorado y ha estado jugando con mi hermana.

PROFE: O lo que sucede es lo que ha dicho vuestro compañero: que lo quiere todo. O más bien: no quiere quedarse sin nada. Hay gente que no sabe estar sola. Y también engaña por ese motivo.

ESTUDIANTE 1: Te digo una cosa: me da pena la novia, tía.

ESTUDIANTE 2: Pues no sé yo, parece que le dé igual ser engañada. Fijo que la tipa le ha dicho que mi hermana es una acosadora que se inventa todo. A saber qué milonga le habrá contado.

PROFE: Es lo que dice tu hermana: no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse a la verdad.

ESTUDIANTE 2: Bueno, mi hermana también dijo que no actuaría por despecho y escribió un relato en su Facebook donde contaba cosas. Y la tipa lo leyó y la desbloqueó para pedirle que lo borrara porque lo podría leer su novia. 

ESTUDIANTE 1: ¿En serio?

ESTUDIANTE 2: En serio, tía. Que mi hermana le contestó que le soltara otra trola y arreglado, y aquella ni pilló la ironía, que le dijo que no podía mentirle más porque había publicado demasiados datos.

ESTUDIANTE 4: Vaya morro, macho, yo flipo…

PROFE: A ver, quizá, si ha hecho públicas en redes cosas que hasta ese momento eran privadas de tu hermana y esa chica, puede que un poco rabiosa sí que esté. Pero es normal, se está purgando. 

ESTUDIANTE 2: Pero ¿os parece bien que la otra sólo le hable para hacerle sentir culpable y que lo borre?

ESTUDIANTE 3: Es un poco rollo manipulación, ¿no?

PROFE: Nos desviamos, chicos, volvamos al tema. Presuponiendo que la chica se enamorase realmente, ¿por qué creéis que opta por quedarse con su pareja?

ESTUDIANTE 2: Es que yo creo que ha engañado a mi hermana. O sea, a la novia y a mi hermana, a las dos.

PROFE: Bueno, pero imaginemos que a tu hermana no le ha engañado. ¿Por qué esa decisión?

ESTUDIANTE 3: Porque, cuando rompes con tu novia, no sólo rompes con tu novia. No sé, ¿cuánto tiempo llevan juntas la tipa y su novia?

ESTUDIANTE 2: Mazo. Yo qué sé.

ESTUDIANTE 4: ¿Para no ser la mala de la película delante de familia y amigos?

PROFE: Es una opción… Pero hay otra. (Silencio). Evitar ser causa de dolor ante los ojos ajenos ¿o…?

ESTUDIANTE 1: ¿Ante sí misma?

ESTUDIANTE 2: ¿Que quiere proteger como ella se ve?

PROFE: Bien, antes salió la autoestima y ahora la autoimagen. ¿Conocéis el mito de Narciso?

ESTUDIANTE 4: ¿El que estaba enamorado de sí mismo?

PROFE: No es eso exactamente. Os cuento: la ninfa Eco, que quería a Narciso, se vio rechazada por él. Así que Némesis, diosa de la justicia retributiva y la solidaridad, hizo, no que se enamorase de sí mismo, sino de su imagen reflejada en un estanque. Las personas narcisistas están muy pendientes de la imagen que proyectan, mucho más que de cómo son en realidad. No hay que confundir el narcisismo con la autoestima, que consiste en la reafirmación del propio ser por simple existencia, incondicionalmente. El narcisismo es lo que se conoce en filosofía como el «ser-para-otro», que suplanta al propio ser, al ser que es uno para sí mismo. La inseguridad de base del narcisista, la necesidad que tiene de gustar o seducir a otros con una imagen falsa de sí mismo, encierra una tragedia y una insatisfacción vital, una condena al desequilibrio mental.

ESTUDIANTE 2: ¿Ejemplo?

PROFE: El narcisista estipula que su imagen ha de ser de una determinada manera y actúa de acuerdo a esa imagen; la persona con alta autoestima actúa de acuerdo a su, atención, otra palabra importante, autoescucha: busca la coherencia en su proceder, siendo honesta consigo misma por encima de todo. (A estudiante 2). Si la chica que ha engañado a su novia ha sido honesta con tu hermana, entonces no tiene una autoestima alta, porque lo que ha decidido es incongruente. En ese caso, puede que esté más pendiente de hacer lo que es correcto, es decir, seguir con su novia, porque lo contrario le convertiría en una persona que no cuadra con su autoimagen, sin darse cuenta de que así está cayendo de pleno en una falacia ad consequentiam: no deja a la novia porque la consecuencia de dejarla es indeseable.

ESTUDIANTE 2: O porque nunca ha querido a mi hermana.

ESTUDIANTE 3: Y dale… ¡que estamos suponiendo para el ejercicio!

ESTUDIANTE 2: Estoy más cabreada yo que mi hermana.

ESTUDIANTE 1: Ya lo vemos, ya…

PROFE: Cambiemos de ejemplo, que no quiero que te afecte tanto.

ESTUDIANTE 2: No, no… Si lo que quiero es comprender la situación.

PROFE: Pero cuidado: no estamos analizando la situación, sino haciendo hipótesis sobre ella para hablar del engaño.

ESTUDIANTE 4: Pero, profe, si yo me enamoro de otra chica, pero sigo con mi novia por no hacerle daño a ella o a mi imagen, me estoy condenando a no ser feliz o a ser menos feliz que si le hiciese caso a mi corazón, ¿no?

PROFE: Los mecanismos cerebrales por los que tomamos decisiones son más complejos que elegir entre vainilla o chocolate.

ESTUDIANTE 4: Pero antes has dicho lo de la autoescucha, la honestidad y la coherencia. Si hago caso de todo eso y me doy cuenta de que mi corazón apunta en otra dirección… Vale que no es fácil, pero, joer, la única manera de salir adelante con mi novia sería convencerme a diario de que no quiero a la otra.

PROFE: Eso tiene un nombre y también empieza por «auto».

ESTUDIANTE 2: Autoengaño. 

PROFE: Eso es.

ESTUDIANTE 2: O sea, que la tipa engaña a la novia, engaña a mi hermana y se engaña a sí misma.

PROFE: No, hacemos hipótesis sobre el engaño y sus causas, no lo olvides. Desconozco lo que pasará por la mente de esa chica, pero lo único que está claro es que no ha sido honesta. Con quién y por qué, lo ignoro y no vamos a juzgarla aquí. (Silencio). Volvamos al tema: como causas del engaño tenemos una baja autoestima que nos hace querer salir de nuestra existencia para montarnos otra distinta; también una autoimagen desligada de nuestra realidad; y una falta absoluta de autoescucha. ¿Consecuencias del engaño?

ESTUDIANTE 1: Que perdemos a la invitada de honor: la confianza.

PROFE: De la otra persona. Pero antes perdemos otra cosa.

ESTUDIANTE 3: ¿Por lo del autoengaño?

PROFE: Ajá.

(Silencio).

ESTUDIANTE 4: ¿La integridad?

PROFE: ¡Bingo!

ESTUDIANTE 2: Vamos a ver, que yo lo entienda: si yo engaño porque soy leal con mi corazón, pero vuelvo a engañar porque quiero ser leal a mi autoimagen, quedándome con eso de hacer lo correcto y tal, estoy siendo íntegra con esto último, ¿no?

ESTUDIANTE 1: No, porque lo consigues engañando.

ESTUDIANTE 2: ¿Entonces? ¿Qué se supone que debo hacer cuando el mal ya está hecho?

PROFE: Ser honesta, siempre. Pero la honestidad, como el amor y todas las buenas cosas, la primera persona con quien debemos aplicarla es con una misma.

ESTUDIANTE 3: Lo de la alta autoestima…

PROFE: Y para ser honestos con vosotros mismos, para saber qué queréis, no qué debéis, sino qué queréis hacer con vuestra vida, ¿cuál es el primer paso?

ESTUDIANTE 1: Mirar adentro.

ESTUDIANTE 4: Lo de la autoescucha…

ESTUDIANTE 2: Pues no lo veo tan complicado, la verdad.

PROFE: En la teoría, nada lo es. La práctica es otra cosa. E insisto, hay bifurcaciones que nos lo ponen muy difícil y las prioridades a las que cada persona da importancia deben ser respetadas. (Silencio. A estudiante 2). Mira, conozco a una persona que abanderaba la causa contra los cuernos de la manera más rotunda, vehemente y hasta beligerante posible. Hasta que cayó en la tentación de ser ella quien los pusiera. (A todos). Los pseudologos, esa palabreja tan rara con la que he empezado la clase, eran los dioses de las mentiras y las falsedades. Eran hijos de Eris, diosa de la discordia. Siempre iban con Ápate y Dolos, dioses del engaño, el fraude y las malas artes, que salieron de la caja de Pandora, ¿os acordáis de ella? (Asentimiento general). Dolos fue aprendiz de Prometeo. Cuando éste intentaba crear a Alétheia, diosa de la verdad, tuvo que ausentarse por orden de Zeus. Así que Dolos aprovechó para crear una réplica de la que estaba haciendo su maestro. Cuando Prometeo volvió, le hizo gracia comprobar la similitud de ambas estatuas, y las metió en el horno. Pero la que había hecho Dolos no tenía pies. Así que cuando las sacó del horno y les insufló de vida, la verdad de Prometeo caminaba con paso firme, mientras que la falsificación de Dolos no podía caminar.

ESTUDIANTE 1: La mentira tiene las patas cortas.

PROFE: De ahí viene el dicho.

ESTUDIANTE 2: Profe, ¿tú crees que tiene justificación lo de la tipa?

PROFE: No, en ningún momento la he excusado, pero tampoco la he condenado. San Juan 8, 7.

ESTUDIANTE 4: ¿En serio, profe? ¿La Biblia?

PROFE: Yo no soy creyente, leo la Biblia con otros ojos y tiene cosas que conviene tener en cuenta. Como ese versículo que todos conocéis: «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». 

ESTUDIANTE 2: No sé si a mi hermana le convencerá eso, pero a mí no.

PROFE: Bueno, no se trata de convenceros. Se trata de que encontréis paz. Y en el rencor no la encontraréis. Y seguro que la chica ésa tampoco la ha encontrado en su engaño. Pero tiempo al tiempo. La vida es sorprendente.

© Vicente Ruiz, 2022

Borrón y cuenta nueva

Dice mi admirado (y crush) Rodrigo Cortés, en su Verbolario, que «borroso» significa bien enfocado, pero inesperado. Si se piensa bien, atina tanto para las imágenes como para los recuerdos, y por eso me gusta tanto su diccionario peculiar y único, porque sin asemejarse lo más mínimo a su significado literal, las definiciones del Verbolario no dejan de ser ciertas. Por eso, y porque me invita, sin él saberlo, a hacer lo mismo, aunque primero tire a mi frikismo, la etimología, para ahondar en la práctica. Parto, pues, del ejemplo…

El verbo «borrar» viene del latín «burra», lana gruesa con que se borraba lo escrito en una pizarra. La borra era lo que mi abuela llamaba a los restos de pelusa o pelo de los animales domésticos que se acumulaban en casa al cepillar el suelo. También es como yo me refiero a las miguitas de la goma de borrar. En definitiva, borrar es lo que se consigue con la borra, o sea, hacer desaparecer lo que había.

Es curioso, pues, que el borrador, además de ser el objeto que borra (y de ahí que lleve el sufijo -dor, como el vendedor —que vende— o el ventilador —que ventila—), también sea aquello susceptible de ser borrado o modificado, como en un dibujo o un texto. Es curioso, decía, porque lo susceptible de algo siempre acaba en -ble y no en -dor: factible (que se puede hacer), lamentable (que puede causar lamento), asumible (de fácil asunción), etc. En cambio, lo susceptible de ser borrado es borrador. Y, sin embargo, su antónimo es imborrable.

Salvando todas las distancias con el ingenio y el sutilísimo sentido del humor de Cortés, voy a lanzarme a desnudar, como dice él que hace en su Verbolario, estas mismas palabras, ahora que las conocemos en su sentido etimológico, a ver qué sale…

Borrar: 1. corregir el error demasiado tarde; 2. viajar al pasado para cambiarlo.

Borra: desperfecto residual.

Borrador: ejercicio de expresión perfecto que, generalmente, al tratar de mejorarlo, se estropea.

Imborrable: 1. que no se puede corregir; 2. que no se quiere cambiar.

Borrón y cuenta nueva: expresión con que se anuncia el propósito de olvidar lo imborrable para empezar un nuevo borrador.

Ah, las palabras… Qué cosa maravillosa son.

© Vicente Ruiz, 2022