Madrid

(Advertencia: este es un texto vomitivo. O sea, que sirve para vomitar. Que me sirve a mí. Si no te importo, si no quieres saber de mí, no lo leas, pero escucha la canción que hay al final. Es muy bonita).

Dice que se cansa de jaulas de cristal,

que por más alto que sube no alcanza a ver el mar.

Desespera porque el invierno es largo y frío,

dice que si alguna vez me voy se irá conmigo.

Despierta recelos en quien no vive aquí ni la conoce siquiera. Cansa hasta aburrir su exacerbado protagonismo en los informativos. Es agónica, como todas las ciudades grandes, con sus calles céntricas a todas horas atestadas de gente y sus metros diarios a todas horas atestados de gente y sus consultas médicas a todas horas atestadas de gente. Pero a mí me salva.

[Esto es para ti, si todavía me lees]. Llevo en mis labios aún la forma del hueso de tu clavícula. Cuando paso por un stand de Shisheido y veo los lotes de Ginza, se me encoge el cuerpo rememorando el tuyo y tu olor. Las Torres Kio, la Fundación Canal, los pasillos de la estación de plaza Castilla hasta la L1 en dirección Valdecarros, el abrazo primero, el abrazo último. Los besos que no nos dimos. Cosas que aparto de mi mente cuando voy por esos sitios y que podrían haberme condenado. Y no quiero que me condenen, ni condenarte a ti por ello. Son cosas que han motivado otras nuevas. Y a mí me salvan. [Te quiero lejos, pero no quiero odiarte, aunque seas una cobarde y nos hayas jodido a las dos. A ti y a mí].

Se me rompe el corazón, Madrid, si no estás bien.

¿Por qué nuestras canciones son todas tan tristes?

Mi cuerpo sigue aquí pero yo estoy ya lejos,

sólo espero que esta vez el salto duela un poco menos.

En un año he pasado por un cuadro depresivo, por la primera (y última) relación (por llamarlo de alguna manera) que he tenido con una mujer (con toda la movida interna que eso genera) y que ha terminado de la manera más tóxica y cruel que he vivido, de lejos; por un trabajo extenuante y mal pagado, por buscarme la vida por mí misma y, ya no sin ayuda de nadie, sino tampoco sin siquiera el ánimo de alguien (salvo excepciones); por el traslado, el cambio de vida y la adaptación. Y todo sola. En dos meses se me cayó tanto pelo que pensé que me iba a quedar calva. Y después de volver a empezar, lejos de eso tan denostado por tanta gente a la que le va la marcha llamado «zona de confort», he conseguido crearme una nueva y sentirme en casa. Soy una guerrera valiente y me lo canto, Valeria Castro mediante, todos los días. Y eso me salva.

El mundo gira y gira, el sol nunca se apaga; — girasol es mi flor

Madrid es una isla en medio de la nada.

Madrid es una mala santa y buena hermana,

Madrid es el árbol que tapa el bosque,

Madrid es casa.

No juzgo ni me meto en la vida de nadie. Nunca. Una es esclava de sus palabras y dueña de sus silencios y siempre habla quien más tiene que callar. No tengo control sobre mi lado emocional cuando todo me desborda, lo que ocurre en contadas ocasiones, como cuando se me juntan reglas de dos semanas gracias a la fantástica endometriosis que padezco desde hace cuatro años. Pero mi lado racional tira de mí, siempre tira de mí. No doy lecciones a nadie. Cuando me ha importado una persona, le he preguntado por privado cómo estaba. Cuando he visto que sólo yo era quien preguntaba, he dejado de hacerlo. No paso facturas por eso. Dejo que la gente venga y se quede o coja sus cosas y se vaya, libremente. No voy detrás de nadie. No pido nada a nadie.

Sólo quiero estar en paz. Mal o bien, acompañada o en soledad, eufórica o melancólica, sólo quiero estar en paz, a mi aire, con mis ritmos y mis tiempos. Y así es como, pese a todo, siento que estoy, en paz. La que he encontrado en esta jaula de cristal desde la que no se puede ver el mar, esta ciudad agónica donde el invierno es largo y frío, con mi corazón roto, con mis cuatro cosas, mi gata y las amigas de aquí que se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos, y las amigas de allí, que me envían wasaps o telegrams preguntándome cómo estoy y que también me salvan.

Este es un texto de soltar lastre. De soltar el aire contenido. De soltar el runrún que me reconcome por no sentirme comprendida. De soltar.

Y de decir que estoy orgullosa de mí. Y que Madrid es casa.

Madrid me salva.

Siempre estás donde quieres estar,

siempre estás donde quieres.

Siempre estás donde quieres estar,

siempre estás donde quieres.

© Vicente Ruiz, 2023

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close